Sanford Gifford 🎨 Llega la tormenta, 1863


Óleo sobre tela

Sanford Gifford (1823 -1880) fue un respetado paisajista, un luminista que enfatizaba la luz y los efectos atmosféricos suaves. Formó parte de la segunda generación de artistas de la Escuela del Río Hudson, pintores norteamericanos muy influidos por el Romanticismo, que admiraban lo grandioso y espectacular de la naturaleza salvaje, con una importante dosis de orgullo patriótico.

Nació en Greenfield (Nueva York) en una familia acomodada, que apoyaba y alentaba sus inclinaciones artísticas. Asistió a la Universidad Brown entre 1842 y 1844, pero no se gradúa y la abandona para mudarse a la ciudad de Nueva York en 1845. Estudió arte, su verdadera vocación: aprendió dibujo, perspectiva y anatomía con el acuarelista John Rubens Smith, recibió clases de dibujo en la Academia Nacional de Diseño, y clases de anatomía en el Crosby Street Medical College. En un viaje de estudios a Catskills en 1846 empieza a interesarse por los paisajes, que se convertirán en el motivo central de su obra. En 1847 sus primeras pinturas se exponen en la Academia Nacional de Diseño, y será elegido asociado en 1851 y académico en 1854.

Viajó mucho b
uscando paisajes e inspiración. A lo largo de su vida exploró distintas áreas de Estados Unidos, desde su entorno más cercano, como el norte del estado de Nueva York, Nueva Inglaterra o Nueva Jersey, pero también hacia el Oeste, llegando a las Montañas Rocosas de Colorado, Wyoming o a la Columbia Británica. También viajó al extranjero: a Europa durante dos años (1855-1857) para estudiar el arte del viejo continente, y a Italia, Egipto, Grecia y Oriente Próximo entre 1868 y 1869.

Durante la Guerra Civil (1861-1865) sirvió en el Séptimo Regimiento de Nueva York inspirando algunos lienzos.

Murió en la ciudad de Nueva York el 29 de agosto de 1880. Ese mismo año se celebró una exposición conmemorativa de sus pinturas en el Museo de Arte Metropolitano de Nueva York.

Gracias a George William Sheldon, historiador de arte de aquel momento, sabemos cuál era el método de Gifford: cuando veía algo que le impresionaba hacía un boceto a lápiz, en una tarjeta del tamaño de una de visita y en medio minuto, para fijar la idea del futuro cuadro, y así acumulaba durante los viajes una buena reserva de posible material. El segundo paso era un boceto al óleo, más grande (veinte por treinta centímetros), al que le dedicaba una o dos horas, para experimentar añadiendo o quitando elementos y definir el modelo exacto de lo que quería pintar. Por último, el cuadro en sí, 
el gran esfuerzo por plasmar la escena en el lienzo: le llevaba todo un día, comenzaba después de amanecer y continuaba durante doce horas consecutivas hasta poco antes del anochecer. Al acabar el largo día el cuadro estaba hecho y comenzaba un lento trabajo de corrección y finalización. A veces no volvía al lienzo durante meses, hasta que de repente, veía algo. Gifford no experimentaba con sus cuadros, no hacía ningún cambio,  se detenía cuando terminaba y prefería destruir un cuadro antes que sentir la más mínima duda respecto de cualquier parte del mismo.






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