Joseph Christian Leyendecker 🎨 Los Tres Reyes Magos, 1900
Joseph Christian Leyendecker (1874 - 1951) fue una leyenda de la Edad Dorada de la Ilustración en los Estados Unidos, desde 1890 a los años 50, el arte y el consumismo se unieron en anuncios, libros y revistas gracias a los avances en las técnicas de impresión, y contribuyeron a dar forma a la visión del mundo de los estadounidenses, contando historias en ilustraciones que luego se reproducirían en millones de revistas”
De ascendencia holandesa, nació y vivió en Alemania hasta que su familia emigra cuando tiene ocho años. Compaginó su formación en la Escuela de Arte de Chicago con un trabajo en una imprenta. Cinco años más tarde asistiría con su hermano Frank (también ilustrador) a la Académie Julian en París en 1896.
Cuando regresa a Norteamérica en 1898 obtiene importantes encargos publicitarios, su retrato del modelo masculino Charles Beach, su pareja, vistiendo una camisa de de la marca Arrow Collar se transformó en un ideal de belleza para la época.
En 1914 los hermanos Leyendecker construyeron una mansión en Nueva Rochelle, Nueva York, lugar donde vivieron junto a la pareja de Joseph, Charles Beach.
A lo largo de cuarenta años Leyendecker ilustró muchas de las portadas de la revista norteamericana Saturday Evening Post de enorme popularidad, creando imágenes icónicas como la del alegre y regordete anciano anciano Santa Claus, o la del bebé como representación del Año Nuevo. También dibujó carteles propagandísticos durante la Primera Guerra Mundial.
Leyendecker fue amigo e influencia clave del también famoso ilustrador Norman Rockwell.
En sus primeras ilustraciones se percibe el germen de lo que más tarde se convertiría en una poderosa técnica pictórica basada en pinceladas energéticas y formas esquemáticas. Estos primeros trabajos convierten a Leyendecker en uno de los grandes precursores del estilo Art Déco, que dominará la estética del arte, la fotografía y el diseño gráfico desde 1925 hasta 1940.
J.C. Leyendecker expuso su método básico de trabajo en una carta a un estudiante:
«Mi primer paso es llenar un cuaderno de dibujo con una serie de pequeños bocetos de dos por tres pulgadas, manteniéndolos en una hoja para poder compararlos de un vistazo. Selecciono el que parece contar la historia más clara y tiene un diseño interesante. Lo aumento hasta el tamaño de la portada de la revista, añadiendo más detalles y colores, según sea necesario.
Ahora estoy listo para trabajar con el modelo. En primer lugar hago una serie de estudios a lápiz o carbón. Selecciono los más prometedores y en un lienzo de dibujo lo plasmo a todo color (de aceite, o agua) con un montón de detalles. Aquí hay que mantener una mente abierta y estar alerta para captar cualquier movimiento o postura que pueda mejorar la idea original.
Ahora ya se puede despedir al modelo, pero asegúrate de tener todo el material necesario en los estudios de las partes por separado para elegir, porque tú estás ahora por tu cuenta y debes trabajar completando tus estudios. En este punto el lienzo parece un rompecabezas, y eres tú quien debes montar y encajar en tu diseño al mismo tiempo, simplificándolo en lo posible mediante la eliminación de todas las partes superfluas. Todo esto se hace en papel de calco para volcarlo sobre la tela final. La pintura de acabado puede ser de cualquier tamaño a tu gusto, pero generalmente debe ser cerca de dos veces el tamaño de la reproducción. Con respecto a los pinceles, por regla general, empiezo a trabajar con un pincel redondo o plano y con una aguada fina, con aguarrás como medio. Mantengo así las sombras muy transparente, y según avanza el trabajo, aplico la pintura más espesa en las áreas iluminadas, añadiendo un poco de aceite de adormidera o aceite de linaza si es necesario, y utilizando un cepillo de cerdas plana para la pintura más espesa, pero manteniendo las sombras finas y vibrantes. Cuando el trabajo esta ya seco, aplico un retoque de barniz de secado rápido, ya sea con un cepillo o un atomizador.
A veces, debido a los precios prohibitivos que cobran los modelos, o por otros motivos, uno se ve obligado a utilizar la fotografía, pero debe tratar de evitarla si es posible».


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