Dorothea Stefula 🎨 Título desconocido






Dorothea Stefula (de soltera Dorothea Hüter) nació en Alemania en 1914. Estudió en la Academia de Bellas Artes de Hamburgo donde conoció al pintor Gyorgy Stefula, que más tarde se convertiría en su marido y con quien colaboraría artísticamente a lo largo de su vida.

Después de la Segunda Guerra Mundial se trasladaron al lago Chiemsee y allí murieron a finales de los años 90. La acogedora casa de campo se convirtió en el mundo de sus sueños, influidos por el paisaje, el castillo, la luz... Trabajó principalmente como ilustradora 
de cuentos infantiles (en 1957 aparecieron "Vevi" y "Kein Park zu verkaufen" y en 1968 se publicó "Wunderwelt" de Schwann) pero también de revistas, calendarios, carteles y folletos.

Aunque el matrimonio abordó varios proyectos conjuntos como el diseño de escenografía y vestuario para el ballet “Pigeon Flight” en la Ópera Nacional de Múnich (1955) o el diseño de sellos postales inspirados en cuentos de hadas, ambos talentos se desarrollaron y distinguieron sin perder su identidad. Realizaron retrospectivas conjuntas, primero en la Städtische Gallery de Rosenheim (1980) y después en la Galerie im Alten Rathaus de Prien (1997). Sus obras se han expuesto en numerosas exposiciones nacionales e internacionales, han recibido numerosos premios, han sido adquiridas por museos y son muy apreciadas entre los coleccionistas privados. Falleció en 1997.




Sus pinturas revelan la influencia de otros artistas como Georg Fegel, Jan van Kessel o Luise Moillon. Las obras de Dorothea, a menudo en formato pequeño y miniaturas, reflexivas e intimistas, representan un realismo mágicamente alterado como si se tratasen de fotos antiguas. Es una maestra de los interiores y de las naturalezas muertas, en las que reúne una mezcolanza de platos, flores, frutas, animales y objetos mágicos, expresando su amor por los detalles y por ese espíritu mágico y onírico de sus composiciones.

Dorothea sólo necesitaba una habitación o un trozo de césped delante de la puerta, una simple mesa o el alféizar de una ventana para desplegar un ambiente hogareño, sin pretensiones pero que sin embargo era objeto de una atención casi devota. En la mayoría de sus cuadros los niños (sus propios hijos y después sus nietos) son criaturas de una seriedad extrañamente conmovedora, obedientemente agarrados de la mano, solos o en compañía de reflexivas madres. En sus retratos (principalmente de mujeres) consigue una expresión de serenidad que va más allá de emociones y afectos, se encuentran en el reino de la naturaleza muerta, que es la esfera más propia y personal de Dorothea, la que le da a su asombroso talento un toque de antigua maestría.

El gusto por lo pequeño y por la belleza herida, así como la paciencia y el amor a la verdad para buscar la naturaleza intrínseca de los pequeños objetos y despojarlos de su banalidad convierten a Dorothea Stefula en la guardiana silenciosa de la Flor Azul.





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